Opinión

Y, si nadie hace nada, será un ataúd por fecha

25/02/17 - 13:47
  • Fútbol paraguayo.
    La tristemente conocida como la barra organizada de Olimpia, en una de las tantas promesas de "unidad". FOTO: J. W. Ferrari.
Por Robert Singer
rsinger@tigosports.com.py

No es un buen promedio, amigo lector, y no estamos hablando del que preocupa a aquellos equipos que tienen como primer objetivo permanecer en la división de Honor. Este, al fin y al cabo, es un promedio que está

dentro de las reglas de juego y, aunque lo sufran, todos lo saben, lo entienden y lo aceptan.

No es un buen promedio y tampoco estamos hablando de los técnicos que son echados o renuncian o “llegan a un acuerdo con el club” a medida que transcurre la temporada futbolera. Lamentablemente, esto también forma

parte de las reglas de juego, reglas en las que la paciencia es cada vez menor si es que todavía existiera en algún club, ya sea de los que  quieren llegar primeros o de los que no quieren descender. Y, aunque sufran las consecuencias, los técnicos conocen estas reglas, las entienden y las aceptan.

No es un buen promedio, y a este sí nos referimos, el que tiene que ver con la violencia en los estadios y fuera de ellos pero con base en supuestas rivalidades clubistas que en realidad aunque existieran no son más que la punta visible del enorme témpano formado por reventa de entradas de favor, cobro de “aportes voluntarios” de los sponsors ya sea en dinero vivo o en especie como bebidas o comestibles , cobro de estacionamiento, pasajes para viajes con el equipo incluyendo, claro, viáticos acordes a la “responsabilidad” de alentar al equipo, hospedaje en los mismos hoteles del plantel o similares,  y así hasta llegar a lo más profundo que tiene que ver con la distribución  y comercialización

de la “merca”.

Llevamos tres fechas jugadas y si, a pesar de haber sido en un amistoso previo al inicio del Apertura, contamos lo ocurrido en cancha de Olimpia cuando vimos a una familia salir corriendo por el techo de una casa contigua a la gradería, tenemos tres incidentes graves. Los otros dos son el asesinato de un barrabrava luqueño y el intento de asesinato de un barrabrava de Olimpia.

El de Olimpia estaba en una hamburguesería cuando fue baleado en una de esas acciones que ya se hicieron habituales con delincuentes que llegan en una moto y el que va atrás dispara para luego huir a esconderse en una de las guaridas que la policía, la fiscalía y el ministerio del Interior conocen pero jamás allanan. En este caso, la “excusa” para intentar matar al barrabrava franjeado fue “el amor a la camiseta”, vale decir, un olimpista baleado por cerristas así como en otras ocasiones la situación había sido al revés, un cerrista baleado por olimpistas.

Esto, como quedó dicho párrafos antes, no tiene nada que ver con “amor al club”, aquí hay cuestiones de poder, de territorio, de zonas de las que cada sector mafioso se siente dueño.

El caso del hincha luqueño afirma y confirma esto. Aquí no valen las acusaciones para los delincuentes de Olimpia ni los de Cerro, aquí se balearon, porque eso fue, una batalla en pleno Luque, a balazos entre facciones mafiosas luqueñas que luchan por lo mismo, el poder en las gradas, la plata grande del fútbol y de la droga.

Si es que lo hicieron no lo sabemos pero la verdad es que la dirigencia del Sportivo Luqueño debería tomar coraje y despintar de su gradería ese mafioso escudo que representa a los delincuentes denominados Chancholigans. Sería una muestra de que al menos algo está cambiando o queriendo cambiar y sería, también, una manera de que esta directiva limpie en parte su actitud de haber sido anfitriona, de manera oficial, en plena sede y estadio del Sportivo Luqueño, de la barra brava de Boca Juniors, nada menos. ¡Éramos muchos y parió la abuela!

La directiva del Sportivo Luqueño debe saber que ese escudo significa delincuencia de todo tipo llegando al asesinato. Es como si en la plaza al lado del Panteón de los Héroes pusiésemos el escudo del EPP.

Es notable, amigo lector, y aunque ya deberíamos estar acostumbrados, todavía nos cuesta entender la inacción y el silencio de la gente buena que, como decía el gran Martin Luther King, es mucho peor que la acción de los malos. Comprendemos el miedo, el temor, la cobardía, pero no la justificamos.

Es notable, y, sobre todo, es triste, muy triste saber que del lado de los delincuentes están dirigentes,  policías, fiscales y hasta periodistas. En este último caso están los popes y “popas” que, ya sea dentro del ámbito deportivo o fuera de él, tienen mucho poder, llegan a mucha gente, forman opinión pero prefieren el silencio y no se manifiestan en contra de estas pandillas y, están aquellos que, peor todavía, les dan espacio para que seudo líderes hablen nada menos que desde la prisión para arengar y dar instrucciones a los que lo sucedieron en la deplorable tarea de mantener vivo el negocio. Como les dijo su gurú desde la cárcel “no sean boludos que la torta alcanza para todos” y dio cifras.

¿Cómo no le importó a nadie que un preso pueda hablar al país, que elija medio y horario para hablar? ¿Puede cualquier preso solicitar hablar por la radio que él elija, en el programa que él elija?, “pero lo que decís es bajo tu responsabilidad, Fulanito”, como le dijeron a este delincuente condenado a 40 años de cárcel. ¿Qué responsabilidad puede tener?

Hasta daría gracia, hasta nos haría reír si es que esto no fuera tan grave. Y es penoso ver que a quienes debería importar no les importa. Y, que no le quepa ninguna duda, si nadie hace nada, será un ataúd por fecha.

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