Opinión

Tecnología en el fútbol

Una VARbaridad

Hubiera sido muy cómico, amigo lector, si no fuera que el asunto es sumamente serio.
03/07/17 - 16:51
  • Momento en el que Gonzalo Jara le da un codazo a Timo Werner, y solamente fue amonestado.
    Momento en el que Gonzalo Jara le da un codazo a Timo Werner, y solamente fue amonestado.
Por Robert Singer
rsinger@tigosports.com.py

Nos hubiésemos reído, y lo hicimos, es cierto pero desde la ironía, desde la vergüenza ajena, desde el daño que se le hace al fútbol cuando al deporte más hermoso se lo quiere contaminar desde lo humano y desde lo tecnológico.

Hubiera sido hasta cómico esto del  VAR (Video Assistant Referee, por  sus siglas en inglés) si no fuera que, tal como lo han dicho desde la FIFA con una soberbia que asusta, estamos ante algo que no tiene regreso.

Aun reconociendo desde el primer momento nuestra derrota, sabiendo que  es algo que desde FIFA lo quieren implementar sí o sí, y lo están demostrando, hemos estado contra la introducción de la tecnología en el fútbol, salvo en el caso de la decisión, esta sí puramente tecnológica, de afirmar si una pelota entró o no, si pasó o no por completo la línea de gol, en suma, si fue gol o no.

Estamos en contra de la tecnología en el fútbol no porque vivamos en un termo o en la época de las cavernas. Utilizamos en nuestra vida diaria la tecnología pero no nos hemos dejado seducir hasta el punto de que estos fantásticos aparatos y sus infinitas aplicaciones nos manejen la vida. La vida es real, no virtual.

Estamos en contra de la tecnología en el fútbol porque hemos sostenido siempre que la “Futbolcracia”, un término que hemos inventado, es lo único en la vida en la que todos somos iguales o, al menos, en que el pobre o débil no solamente puede enfrentar al rico o poderoso sino vencerlo. El fútbol, además, es igual en cualquier parte del mundo.

Dejando de lado el entorno, el lujo inclusive, que puede haber en los grandes estadios del mundo, da igual una canchita de una humilde compañía en el interior del Paraguay que un súper estadio europeo (de esos que hoy llaman “Arena”).

Con este tema del VAR nos mintieron, o quisieron mentirle a los que se creyeron este verso, que se acabarían los errores, al menos aquellos grandes o graves, los que pudieran tener que ver con un gol, un penal, una expulsión, en fin. El arbitraje, que siempre le tuvo terror a la tecnología ahora pasaría a utilizarla como amiga. Craso error, hoy, los
mismos árbitros están alzando su voz en contra de este aparataje porque dicen que lo que logra el VAR es realzar los errores de los árbitros y asistentes en campo.

Dijeron, desde la FIFA que se buscaba la justicia y el juego limpio. Ni una cosa ni otra. A Chile le negaron un penal clarísimo ante Portugal y ni siquiera se recurrió al VAR; y en la final entre Chile y Alemania este sistema llegó a su punto culminante en lo negativo cuando el chileno Gonzalo Jara le metió un codazo en la cara al alemán Timo Werner.

Con la primera repetición ya quedaba en claro lo ocurrido, no cabía ninguna otra medida que exhibirle a Jara la tarjeta roja. Se paró el juego, con sus manos el árbitro hizo el dibujito de la tele, le hablaron, el habló, finalmente el juez fue hasta el televisor que está al borde del campo de juego para que él pueda ver la jugada, siguió el diálogo y ante la perplejidad del mundo entero el tipo fue y sacó del bolsillo la tarjeta…¡¡¡¡amarilla!!!. Estamos todos locos.

Irónicamente, Jara aplaudió como diciendo “¡Qué barbaridad, me amonesta!”y simuló estar indignado cuando por dentro ese aplauso era por saber que se merecía la expulsión. Fue la gota que colmó el vaso y nos parece que sería conveniente que la  CONMEBOL se retractara en su intención de insertar el VAR en los torneos continentales. 

No tiene ningún sentido el apuro y, además, dejando de  lado lo inútil del sistema, la pregunta es, ¿cómo se van a hacer las instalaciones en la mayoría de los estadios sudamericanos?¿o lo vamos a hacer “a nuestra manera”?, o sea, “así nomás”, con un televisorcito en alguna parte y ya está porque lo que vimos a nivel FIFA es una sala que parece la NASA, con muchas pantallas y tres ¡¡¡sí, tres!!! Árbitros sentados allí.

Y ni qué decir si trasladamos la pregunta a nuestro país, hay estadios (todos, salvo el Defensores) en los que no hay un jaboncito de coco ni papel higiénico en los baños, pero queremos instalar el VAR. La propia FIFA se contradice en sus dichos y acciones y sus explicaciones más que aclarar, oscurecen.

De nuestra parte, amigo lector, seguimos pensando lo mismo con respecto al arbitraje o a los árbitros y sostenemos que para ser un buen árbitro hay que cumplir dos requisitos: 1) tener un buen par de ojos, para ver con la máxima certeza y claridad una jugada y, 2) tener un buen par de huevos para tomar las medidas disciplinarias que correspondan.

Si hay que echar a Rodrigo Rojas a los 30 segundos de partido en la mismísima Olla, hay que tener los cojones para echarlo así como a Roque Santa Cruz en Para 1, a Marcelo Palau en Dos Bocas, al Patito Sergio Aquino en Tuyucuá o a Neymar da Silva en el Maracaná.

Aquí, en la final de la Copa Confederaciones pudo más el discurso, la  línea que baja desde FIFA, CONMEBOL y APF, aunque lo nieguen y es que hay que hacer todo lo posible para no echar a nadie y menos todavía en una final. No puede ser que tantos ojos no hayan visto lo que ocurrió en esa jugada y, de hecho, si se recurrió a la tele fue porque algo vieron; lo que nos lleva a deducir que no faltó el primer requisito sino el segundo y eso es grave, muy grave.

En la vida, si uno no pone huevos en lo que hace, si no hay coraje, lo demás tiene poco sustento porque siempre se claudicará ante el menor inconveniente. No hay tecnología capaz de ocultar la falta de valentía. Suponemos que en la FIFA estarán redactando los informes que indiquen, con porcentajes y estadísticas, que el árbitro asistente de video ha sido un éxito pero no se puede tapar el sol con un dedo y lo ocurrido en la final fue simplemente una VARbaridad.

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