Opinión

Un día, hubo un clásico en el que ganamos todos 

Cuesta creerlo, amigo lector, pero quizás como nunca o, al menos, como muy pocas veces, el resultado del partido de un clásico no ha sido lo más importante.
18/08/19 - 21:14
Por Robert Singer
rsinger@tigosports.com.py

El paupérrimo partido que jugaron Cerro Porteño y Olimpia el sábado 17 de agosto de 2019 no hubiera pasado de un mero dato estadístico en el que constaría  el resultado y nada más si no hubiese sido por todo lo que lo rodeó. Sin duda, el envoltorio fue mucho más que el regalo en sí.

La excelente decisión consensuada entre los presidentes de Cerro Porteño y Olimpia de jugar el súper clásico en la Nueva Olla generó un plus en la expectativa que de por sí tiene cada edición del choque entre ambos clubes.

Cuando nos enteramos de la confirmación de esta decisión –que parecía que se iba a caer por algunas desinteligencias entre los clubes sumadas a la postura de la Policía en lo que refiere al horario-  recordamos la vez que el señor Juan José Zapag, a la sazón presidente de la entidad azulgrana, había estado como invitado en la Rock & Gol. En esa ocasión, luego de que el señor Zapag detallara lo que sería el nuevo estadio azulgrana, en construcción todavía en ese entonces,  le habíamos consultado acerca de la posibilidad de jugarse un clásico en lo que ya asomaba como un estadio hermoso y las respuestas del presidente nos dejaron muchas dudas. “Y, no sabemos”, “Vamos a ver”, “Ojalá”, “Hay que estudiarlo” y expresiones similares nos dejaron en claro que estas dudas estaban relacionadas con el temor de lo que podría llegar a ocurrir entre las barras bravas. Lo escuchábamos al señor Zapag y era como si, más allá de lo que nos decía, por dentro pensara: “Ni loco juego un clásico en mi estadio”.

La Nueva Olla fue inaugurada y en el rubro “Súper clásico” parecía que nada iba a cambiar y que se seguiría jugando en el Defensores cualquiera que fuese el club local. ..Hasta que surgió esta posibilidad.

En los días previos a la gran cita habíamos señalado que este no era un partido más, no solamente porque  se trataba de un clásico sino por todo lo que significaba el histórico hecho de que se jugara por primera vez en la Nueva Olla. Insistíamos en que esta era una prueba de civismo, de civilidad de ciudadanía. Era un momento clave para demostrarnos a nosotros mismos que los paraguayos podemos hacer una fiesta completa de la que de por sí es la máxima fiesta deportiva del país.

Solemos decir que lo ideal es que, siempre, en cualquier partido, aquellos que van a la cancha regresen a sus casas en paz, sin heridas personales ni daños materiales como vidrios rotos de sus autos o celulares robados. “Nadie a la comisaría, nadie al hospital y, mucho menos, nadie al cementerio”.

Hoy, disputado el clásico y pasadas muchas horas en las que no fueron reportados casos de violencia entre las barras ni actos de delincuencia de ningún tipo no podemos sino sentirnos felices y orgullosos. Duele, eso sí, observar que para un simple partido de fútbol, al margen de que sea un clásico, sea necesario un operativo de seguridad que asemeja a lo que se hace en zona de guerra. La ciudad estuvo divida por vallas materiales y humanas, azulgranas por aquí, franjeados por allí. Soñamos con que alguna vez esto ya no ocurra pero mientras tanto y ante esta oportunidad histórica lo aceptamos resaltando que a partir de ahora dichos operativos ya no se usarán y que estas barras de delincuentes seguirán yendo a las canchas conscientes de que el control no será igual ni parecido. Alguna vez estas pandillas deberían desaparecer por completo y para siempre.

Dicho esto, aplausos para la gente de Cerro Porteño, aplausos para la gente de Olimpia, aplausos para el operativo de seguridad. Varias eliminatorias atrás, cuando el “Bolillo” Gómez era técnico de Ecuador allá lanzaron el grito de: “¡Sí, se puede!”, hoy pasado este histórico clásico podemos decir lo mismo.

La fiesta fue completa fuera de la cancha y en las gradas de un estadio magnífico. Cada una de las imágenes sirve de ejemplo para otros países.

Y, de yapa, quedan como postales de la jornada la imagen de los médicos de Cerro corriendo para atender a un jugador de Olimpia y el excelente mensaje que la gente de Olimpia dejó como despedida en el vestuario -impecablemente aseado por los mismos olimpistas- agradeciendo al local las atenciones y deseándoles éxitos en la Libertadores.

El partido fue malo pero eso, en este caso, pasa a un plano muy inferior. Este partido no pasará a la historia por el juego ni el resultado sino porque un día hubo un clásico en el que ganamos todos.

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