Opinión

Un clásico histórico en el país al revés

Es así de triste, es así de increíble, amigo lector. Uno escucha a las principales voces que tienen peso con respecto a la organización del histórico próximo superclásico y no puede sino sentirse triste, impotente, indignado.
15/08/19 - 14:24
  • Se viene un superclásico histórico.
Por Robert Singer
rsinger@tigosports.com.py

Todos y cada uno de los que hablan acerca de lo que se está haciendo con respecto a la máxima fiesta del fútbol paraguayo dejan en claro que cada paso es pensado teniendo en cuenta a las deplorables barras bravas, mal llamadas “hinchadas organizadas” por dirigentes, periodistas, policías, fiscales, etcétera, que no se animan a llamar a sus integrantes como lo que en realidad son: delincuentes.

Lejos de procurar, entre todos, que estos delincuentes no formen parte de la gran fiesta futbolera todos, reiteramos, se refieren a estas bandas con un respeto –o temor- digno de mejor uso. Y, a partir de hacer referencia estos bandidos explican los movimientos a ser tenidos en cuenta “por seguridad”.

Lo de la Policía es lamentable. Una gran parte de lo que más se parece a un operativo de guerra que al cuidado de un partido de fútbol, está focalizada en el “acompañamiento” a delincuentes que en vez de ser perseguidos por la policía son resguardados y acompañados por las autoridades que incluso les abren camino por las calles ignorando las luces semafóricas para darles paso preferencial. “Los comunes”, como diría un imbécil con fueros, deben esperar a que pasen las chatarras en las que viajan estos parásitos.

Hoy, uno escucha al comisario Eliseo Gaona, jefe de seguridad de eventos deportivos, y escucha que la hinchada organizada de Olimpia debe estar en Para 1, a las 10:00 de la mañana del sábado, día del partido, para desde allí dirigirse, obviamente con el acompañamiento y resguardo policial, hasta la zona del otro sector delictivo, el de las pandillas de barrio Obrero.

Ojo, desde luego que estamos a favor de los debidos trabajos de seguridad que deben tener siempre como primer objetivo la prevención y recién en último lugar la represión. Con lo que no estamos de acuerdo, lo que lastima, lo que duele, es que en vez de que las autoridades combatan a estos delincuentes trabajen en conjunto. Es una afrenta a la ciudadanía que un policía se saque fotos con los seudo líderes de estas barras como lo ha hecho el comisario Gaona con los badulaques luqueños.

Y uno sabe que también con los zánganos de Cerro y Olimpia la situación es la misma, vale decir, de un gran “acercamiento” entre la policía y las barras.

Es el país al revés. El país en el que, por poner un ejemplo, un candidato gana una elección basando su plataforma electoral en el combate a quien después termina siendo el gran árbitro de su gestión.

Creemos que todo va a salir bien el sábado y lo decimos aun sabiendo que más que creerlo lo deseamos, que es más una expresión de deseo que un convencimiento. En un país que duele, todos los ojos estarán puestos en un partido de fútbol, no porque, como lo sostienen esos “guaú” intelectuales, “El fútbol es el opio de los pueblos”, sino porque el súperclásico es una fiesta popular inigualable e incomparable. Ojalá que, como debiera ser, desde el fútbol podamos dar una lección de educación ciudadana, de conducta cívica. El fútbol, por su llegada masiva y más todavía desde un súper clásico, debería ser herramienta de educación, de cambios de conducta, de mensajes positivos, todo aquello que está lejos de llegar desde otros ámbitos.

En el Paraguay el que gana termina en manos del perdedor, en el Paraguay los operativos de seguridad se hacen en conjunto con los delincuentes.

Sin dudas, se viene un clásico histórico en el país al revés.

 

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