Opinión

Sin banderas, el fútbol es más limpio

Fue notable –y triste y lamentable- haber comprobado en estos días pos eliminación de la selección mayor y pos escándalo barrabravístico en Pedro Juan comprobar cuál es la forma de pensar de mucha gente en nuestro país, amigo lector.
19/10/17 - 21:12
Por Robert Singer
rsinger@tigosports.com.py

Con respecto a la eliminación, de verdad no esperábamos jamás escuchar de tanta gente, de los más diversos ámbitos, de las más diversas clases sociales, de las más diversas profesiones, que “fuimos tontos”, “fuimos inocentes”, “no supimos arreglar el partido”.

Más allá de la populista súper valoración hacia el trabajo de un sicólogo en la selección, tema sin duda interesante, pero que alcanzó ribetes casi irrisorios, nos llamó la atención esta manera de pensar por la naturalidad con que estas personas expresaban su parecer. Lo de la sicología en el deporte es un tema interesante, profundo, lindo para debatir por más que, insistimos, nos parece que se exageró cuando prácticamente se dijo que hoy no estamos sellando el pasaporte a Rusia por no haber tenido Chiqui un sicólogo en su cuerpo técnico. De todas formas, es un ítem que sí puede ser encuadrado dentro de lo que puede ser la parte deportiva de la cuestión.

Lo otro duele, lo otro apena, lo otro entristece porque marca, señala, indica una forma de pensar en la que la trampa, la transada, el pocarë pasa a ser una herramienta corriente, habitual, normal. Incluso se va un poco más lejos porque, apuntando a que el presidente de la CONMEBOL es paraguayo, se deja en el aire que Alejandro Domínguez debió “haber hecho algo” para que el arbitraje ante Venezuela tuviera alguna inclinación localista. Eso es lo que pensamos, así somos; desde el poder todo, para eso mandamos. Y está mal, es triste que pensemos así.

Curiosamente, Brasil  ha ganado cinco campeonatos del mundo, pero durante el mandato de Joao Havelange en la FIFA ganó uno solo así como, digámoslo de paso, no ganó tampoco ninguno de los dos mundiales que jugó de local.

Lo de las barras delictivas también tuvo repercusiones que nos llamaron la atención porque ante el vacío que se notó en la gradería Sur en el primer partido posterior a lo de Pedro Juan hubo gente, también de todos los ámbitos, también de todas las clases sociales, también de diversas profesiones que salieron a decir que “sin las barras se pierde color”, que “faltan los cantitos”,  falta “el recibimiento al equipo”. Una pena oír todo esto. Se nota que, en primer lugar no han sido nunca víctimas de estos delincuentes  que van a la cancha drogados y armados y, en segundo término, que prefieren tenerlos a ellos en las gradas antes que a personas, familias enteras,  que de verdad van a la cancha sencillamente para disfrutar de un partido de fútbol, de un espectáculo hermoso del que la gente forma parte generando un entorno que, sobre todo en un súper clásico, debería ser tan multitudinario como pacífico.

A nosotros ese espacio vacío nos encantó. Parafraseando a Albert Cortez podríamos decir que “Cuando la barra se va/queda un espacio vacío/que lo tiene que llenar/la llegada de otros hinchas…” Este es el momento en que el club Olimpia, como institución, debe trabajar para motivar a todas aquellas personas que un día decidieron no ir más a la cancha para salvaguardar sus vidas y la de sus familias a que vuelvan, comenzando por aquella familia que en un partido amistoso en Para Uno debió salir corriendo por los tejados llevando criaturas en brazos, huyendo de las hordas demenciales de un mismo club pero de distintos cárteles.

¡Ojo! Ojalá un día veamos también a Norte tan vacía como Sur y que se produzca el mismo fenómeno. Los cerristas tuvieron suerte, se salvaron por poco, porque Olimpia fue a Pedro Juan antes que Cerro. Si la cosa hubiese sido al revés hubiera ocurrido lo mismo pero con otros colores.

Nos encantó que Olimpia fuera hasta la ex arboleda de Rubio Ñu.

Defendemos el derecho a la localía y está bueno que cuando una entidad humilde, sin grandes presupuestos, se esfuerza por hacer nuevas plateas, por mejorar sus estadios pueda recibir a Cerro y Olimpia.

Dentro de la cancha, en el juego,  lo de Olimpia fue lamentable pero eso no importa para esta columna. Nos importa lo de afuera y vimos como desaparecieron las funestas banderas que más que dar un supuesto apoyo al equipo lo único que hacen es marcar territorios y zonas que tienen jugosos incentivos.

Fue bueno ver esto también en Dos Bocas de donde desaparecieron La raza, Los gedientos, Callejeros y demás lacras. Y conste que, desde el punto de vista del espectáculo siempre hemos estado a favor de las banderas pero toda vez que se tratara de apoyar al club que fuere.

Que cada aficionado aliente sencillamente al club de sus amores, como debe ser. Que vaya al estadio con sus amigos y familiares vistiendo la camiseta de su club. Que se puedan meter termos y guampas en jornadas que rayan los 38 grados y, si algún imbécil lanza su guampa o su termo, que no vaya presa la guampa ni preso el termo sino el imbécil que los arrojó. Que volvamos a las raíces. ¿Los paraguayos somos apáticos?, sí, pero también, sin drogas ni alcohol de por medio, somos pacíficos.

Quien escribe es de una generación que veía cómo iban a la cancha en un Cerro – Olimpia hinchas de ambos clubes por las mismas calles y a la salida era igual, sin importar el resultado. En la avenida Carlos Antonio López tomaban los mismos buses, no rompían nada, le pagaban al conductor  y no asaltaban lomiterías que quedaban en el camino. Los bares y almacenes de la zona duplicaban los pedidos de mercaderías porque un clásico (todavía no se le decía súper) significaba buena venta.

Si los partidos eran en horario nocturno las parrilladas (Chopería Roma, El triángulo, Sajonia, La palmera, Once, Carioca y otras más) recibían a hinchas de ambos equipos que, en mesas distintas a lo sumo intercambiaban cargadas.

Fue lindo ver a las graderías sin los trapos que identifican a estas bandas. Ya no están las de La barra de la O, La barra del Olimpia, Los de siempre, etcétera así como las de los citados de Guaraní. Ojalá en un futuro muy cercano dejemos de ver en partidos de Cerro, Libertad y Luqueño a banderas de La Plaza, Comando, Masacre, La Escolta, Chancholigans y eré eréa.

"Sin banderas" es un dúo que canta muy lindas canciones y parece que estará por nuestro país en estos días.

Podríamos inspirarnos en el nombre de esta dupla porque, de verdad, amigo lector, nos parece que hoy, sin banderas el fútbol es más limpio.

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