Opinión

Que el regreso sea lo más natural posible

La reunión, finalmente virtual -como debe ser desde luego en estos momentos- entre los  médicos de los clubes de la División de Honor y sus colegas de la APF, el director médico, doctor Gerardo Brunstein y el infectólogo Duilio Núñez, más la participación del doctor Agustín Casaccia, de la Secretaría Nacional de Deportes y el secretario general de la APF, Luis Kanonnikoff, arrojó, amigo lector, el único resultado que podía esperarse: dejar de lado, por incumplible, el protocolo denominado cerrado que, entre sus principales obstáculos para ser llevado adelante, presentaba el hecho de tener que concentrar de la manera más estricta posible, en hoteles, a todos los planteles de la Primera durante un lapso que llegó a ser pensado como de 90 días.
11/05/20 - 15:37
  • Se analizan los escenarios del posible regreso del fútbol.
Por Robert Singer
rsinger@tigosports.com.py

En la columna anterior a esta ya habíamos anticipado que esto ocurriría porque desde la parte humana, que uno cree que es la más importante, esta larga concentración no garantizaría en un 100% que los jugadores no se infectaran y, por otra parte, la salud física quizás podría ser controlada dentro de ciertos parámetros, pero no así la salud mental.

Además, desde lo económico, este tipo de concentración hubiera significado un altísimo costo para los clubes. El NO llegó de manera casi unánime.

Al mismo tiempo de descartar el protocolo cerrado quedó como aceptada la posibilidad de llevar adelante el protocolo que, claro, se denominó abierto y que establece la concentración domiciliaria de los jugadores que irían de sus respectivas casas al entrenamiento y del entrenamiento a sus casas. Este sistema otorga un alto grado de responsabilidad a cada jugador con respecto a su cuidado, responsabilidad que, por cierto, deberá ser compartida con su entorno familiar.

Y aquí es donde uno se pone a pensar en algunas medidas que, si bien se entienden que tienen una indiscutible base sanitaria, cuesta entender desde lo específicamente deportivo. Algo parecido a lo del protocolo cerrado que tal vez era lo más indicado desde la medicina pero imposible de llevarlo a la práctica.

ALGUNOS PUNTOS CONCRETOS

1) Lo de que el jugador ya llegue desde su casa totalmente equipado, prácticamente no pase por el vestuario, vaya directamente a entrenar y, finalizada la tarea, regrese a su casa inmediatamente, una vez más casi sin pasar por el vestuario, no lo entendemos. ¿El jugador va a tener que llevar todo el material deportivo a su casa?, porque no creemos que entrene, llegue a la casa, lave o haga lavar su indumentaria y al día siguiente vuelva con la misma ropa. Además, se supone que esa ropa deberá tener un tratamiento especial, con una debida desinfección.

¿Tienen todos los jugadores la posibilidad de hacer esto? ¿No sería mejor que, guardando las medidas sanitarias correspondientes, los jugadores lleguen con su ropa de calle, se cambien en los vestuarios y al finalizar el entrenamiento dejen la ropa usada en la práctica para que el club, que sí debería tener todo para la desinfección, se encargue de lavarla?. Los equipos tienen distintas ropas para diferentes días y variados climas, se nos antoja casi imposible que un jugador pueda hacerse cargo de todo esto.

2) Lo de entrenar en pequeños grupos tampoco convence al pasar del papel a lo real. ¿Qué haría un entrenador con cinco o seis jugadores a su cargo por cada turno? Más o menos se entendería desde la parte física/atlética pero eso no es entrenar para jugar ya que en este caso se hace fundamental lo colectivo.

3) Siguiendo en este rumbo, ¿qué sentido tiene hacer todo esto de los pequeños grupos o que casi no hagan uso del vestuario o que lleguen ya equipados si, al final, en algún momento como decíamos en el punto anterior, cada equipo deberá hacer prácticas de fútbol y allí deberán estar 22 jugadores chocando, sudando, friccionando, en fin, dejando de lado todo lo del aislamiento?

4) Se hizo hincapié en lo de ir a los entrenamientos en los propios vehículos de los jugadores y que a aquellos jugadores que no tuvieran auto se les proveería de alguno. ¿Van a regalar o prestar autos? ¿Y los días de partido? ¿Va a ir cada uno en su auto ya equipado o van a ir en un mismo ómnibus? ¿Acaso no van a compartir el vestuario antes del partido, en el descanso y al final? Uno supone que el día de partido en cada vestuario hay entre 25 y 30 personas.

En fin, si bien en estos días uno no puede menospreciar ni, mucho menos, burlarse de medidas sanitarias hay cosas que parecen exageradas y están cercanas a la paranoia por no decir a la ridiculez teniendo en cuenta que se pretende amonestar al jugador que escupe al pasto. Y, ya que estamos, ¿Qué pasa con los que hacen otra cosa muy común en los jugadores que es sonarse violentamente la nariz? ¿También tarjeta amarilla? En el primer tiro de esquina ya podríamos tener unos seis amonestados.

Nosotros nos anotamos entre aquellos que quieren que vuelva el fútbol, pero nos gustaría que los jugadores vayan a entrenar con su ropa de calle y se cambien en el vestuario, que se bañen en el club al final del entrenamiento, que entrenen colectivamente y que, aunque ya no puedan compartir el terere o mate porque cada uno debe tener sus propios elementos, sí sigan compartiendo las ruedas de chistes y anécdotas que hacen a la solidificación de los grupos. En definitiva, amigo lector, que el regreso sea lo más natural posible.

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