Opinión

Ojalá este papelón nos sirva para aprender lo que debemos hacer

El papelón ya está hecho, amigo lector, y será imborrable. Lo único que uno pide es que a partir de esto que ocurrió podamos sacar las conclusiones adecuadas para aprender lo que hay que hacer o lo que no hay que hacer, pero ya vamos a llegar a ese punto que da título a esta columna, antes tratemos de poner ciertas cosas en contexto.
01/12/18 - 11:55
  • Secuencia del juego de ida entre River y Boca Juniors. Foto: Diario Correo.
Por Robert Singer
rsinger@tigosports.com.py

Lo primero que hay que decir, sin vueltas, es que este es un papelón neta y exclusivamente de los argentinos y de la Argentina. “De los malos argentinos”, sí, clarísimo. Que “la Argentina como país no es así”, sin duda. Tenemos muchísimos colegas argentinos, de la época en que había mucho mayor intercambio, mayor relación humana entre los periodistas porque como no existía tanta tecnología cuando los colegas extranjeros -hablamos especialmente del periodismo escrito, gráfico, el de los diarios- llegaban a nuestro país los recibíamos con mucho gusto y poníamos a disposición de ellos toda la infraestructura del diario (quien escribe era jefe de Deportes del diario Última Hora), tanto para los periodistas como para reporteros gráficos. Después de la jornada laboral, todo terminaba en alguna parrillada para intercambiarlas interminables anécdotas del gremio. La reciprocidad se daba cuando nos tocaba a nosotros viajar al exterior.

Hoy, la tecnología ha avanzado en la misma proporción que ha mermado la relación humana. Hoy, no nos conocemos, hoy cada uno viaja con sus equipos (computadoras, tabletas, teléfonos inteligentes) y puede trabajar desde la habitación del hotel.

Fuera de estos colegas hemos tenido y seguimos teniendo muchas personas de nacionalidad argentina que se merecen nuestro respeto, afecto y aprecio y justamente con uno de estos amigos hablábamos días atrás, antes de todo este quilombo, perdón de este lío, acerca de cuánto había retrocedido Argentina como sociedad y, claro, lo lamentábamos.

Personalmente, hemos deplorado siempre ese grito de “El que no salta es curepí” porque la Argentina ha sido y sigue siendo un país que cobijó a ciudadanos paraguayos. Miles, quizás millones de compatriotas, han encontrado allí un sitio en el que pudieron hacer sus vidas dignamente y prueba de esto es que salieron y continúan saliendo tantos jugadores que al llegar a la primera de un equipo argentino nos enteramos que sus padres son paraguayos o, al menos, el padre o la madre.

Dicho esto, insistimos, reiteramos: el papelón fue argentino y cada vez que los “malos argentinos” quieran utilizar un aire sobrador su interlocutor le sacará en cara este que es el más humillante episodio en la historia del fútbol mundial. Es más, hemos visto a colegas argentinos, “indignados”, deplorando que parientes de Alejandro Domínguez posaran con camisetas de un club, en este caso de River Plate de Argentina. ¿Y qué? No solamente los parientes sino los propios presidentes tienen clubes. Grondona era de Independiente y fundador del Arsenal, por ejemplo, ¿y? El papa es argentino, pero da la bendición a todo el mundo.

Entiéndanlo, no supieron organizar un clásico argentino, con una sola hinchada en el estadio y cercanías. La final, la gran final, esperada por todos, ¿qué duda cabe? se les fue de la mano por culpa, única y exclusivamente, de ustedes, los argentinos, de nadie más.

Y a partir de allí, el resto. Lo que nos involucra. En primer lugar, como sudamericanos le acabamos de dar al mundo la imagen de continente de cuarta porque una cosa es que no se pueda jugar en la Argentina y otra, muy distinta, es que la final de la vieja y querida Libertadores de América, se juegue en Europa, una mancha que podrá empatarse solamente cuando por falta de garantías en Europa la final de la Champions se juegue en Sudamérica.

Lamentablemente la CONMEBOL sigue con los vicios “legales” de la anterior. Los ilegales ya los conocemos por eso, al hablar de vicios “legales” nos referimos a los que desde lo jurídico no tienen reparos, pero sí desde lo deportivo y hasta podríamos decir, desde lo ético/deportivo. Desde el primer año en que nos enteramos que los clubes mexicanos iban a competir en la Libertadores estuvimos en desacuerdo, y más cuando después fueron llegando “invitados” a la Copa América (México, Estados Unidos, ¡¡¡Japón!!!) y todo “se declaró soó” (perdió seriedad). Hoy, todo sigue igual y para la Copa América de Brasil ´2019 ya están preparando maletas cataríes y japoneses. ¡Ja!, sería el combocompleto: la final de la Libertadores jugada en Europa y, encima, Japón o Catar campeón de América.

Y, ahora sí, en el final, hablemos de lo nuestro, de lo casero. Nos indignó, de verdad, la “indignación” colectiva ante esta situación y, sobre todo, de parte de quienes pegaron el grito al cielo por la violencia, por las barras bravas y todo ese discurso falso, demagógico y oportunista siendo que aquí las barras actúan con la misma violencia y la misma impunidad y no solamente nadie se “indigna” sino que los violentos son los nenes mimados de los medios, son los entrevistados, son tratados por el nombre o el apodo que usan a nivel de cuate.

¿Y lo ocurrido en cancha de General Díaz? Los delincuentes de la barrabrava luqueña destrozaron dos buses y varios móviles de medios de comunicación ¿y?¿Aupei? (¿y después?) ¿y la indignación? De pronto parece que una puteadita a un jefe policial suena fuerte, pero esta puteada llega cuando queda bien, cuando todo el mundo está indignado de verdad, ¿y el resto del año?

Esta conducta oportunista quedó en evidencia cuando, todavía en medio de esta situación de fingida indignación, los delincuentes de la barra olimpista, supuestamente suspendida, estuvieron a punto de aguarle la fiesta a unos 35 mil olimpistas decentes, que fueron a apoyar a su equipo en paz con ganas de disfrutar de un partido. Estos imbéciles comenzaron a detonar sus bengalas de pésima calidad (habrán facturado por bengalas buenas) y faltando pocos minutos para el final del partido casi logran suspenderlo. Primero: ¿cómo entraron los barrabravas “suspendidos”? y segundo: ¿cómo pudieron entrar con tantas bengalas? La respuesta es sencilla: complicidad e impunidad. Lo mejor de la noche fue la reprobación unánime, con silbidos y abucheos de parte de esas ¾ partes del estadio que les hizo saber a estos badulaques que no son queridos y la misma reprobación llegó de parte de los jugadores. ¿Aupei?

¿Y la indignación?, no, claro, a los amigos no se los critica.

“Indignarse” con lo que ocurre más allá de nuestras fronteras no sirve. Lo que sirve es indignarnos con lo que pasa en nuestras canchas y esperemos que nunca lleguemos a tener que jugar una final entre Cerro Porteño y Olimpia en Europa por falta de garantías. De verdad, ojalá que este papelón nos sirva para aprender lo que debemos hacer.

 

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