Opinión

No sólo clasificó; Capiatá dejó lecciones

11/02/17 - 22:59
  • Deportivo Capiatá.
    Histórico 0-3. Inolvidable clasificación. FOTO: EFE

La extraordinaria clasificación de Capiatá nos permitió confirmar, amigo lector,  que en el fútbol se manejan frase hechas y lugares comunes que alguien, alguna vez, instaló y que el resto, a lo largo de la historia, fue repitiendo como si fuesen dogmas, verdades absolutas, incontestables.

En muchos casos estas frases hechas son utilizadas por gente que no tiene opiniones ni posturas propias y tiene que ver, quizás,  con algún resabio de la época stronista en la que alguien decía algo y, si no iba preso, el resto repetía lo mismo, total por lo visto no era algo que pudiera crearle problemas.

La prohibición de pensar debe ser lo peor que puede dejar una dictadura a un país y cuánto más tiempo dure esta dictadura mayor será el perjuicio cultural. Claro, ni hablemos de corrupción, de deshonestidad, de metidas de mano en la lata pública, y todo eso.

Dentro de todo,  el fútbol al menos es algo en que el amor a una camiseta dura toda la vida y no como ocurre en otros ámbitos. Por ejemplo, si a un funcionario o empleado hincha de un club llegase el jefe o director a decirle que si no se hace del club del jefe va a ser despedido, ese funcionario o empleado no va a dudar en decirle que, lamentablemente, va a ser obligado a dejar ese empleo pero que no va a cambiar de club. Difícilmente vivamos con un hincha de fútbol la situación de un ridículo ministrito que por conservar un zoquete cambie de partido al instante, con la velocidad de un camaleón, y salga corriendo a firmar una nueva afiliación.

Claro, no cuentan aquí los jugadores que son profesionales y defienden la camiseta del club que los contrata. En todo caso lo criticable con ellos sería esa actitud populista de besar el escudo del club, llorar por la camiseta, jurar amor eterno, rejurar que jamás jugará en la vereda de enfrente y al día siguiente firmar para el “enemigo”.

Volviendo a lo de las frases hechas, a los lugares comunes, algo en lo que nunca hemos creído es en lo de la localía como factor gravitante en el resultado de un partido. Jamás entendimos aquello de analizar las posibilidades de un equipo o selección basando esa chance en el hecho de jugar de local o visitante. Sí, puede haber un momento en que el aliento de un público a favor pueda actuar como inyección anímica pero pepevente, nada más. Las canchas son iguales en todo el mundo y los equipos que tienen potencia futbolística, los que tienen personalidad, los que de verdad aspiran a ganar cosas importantes salen a jugar de la misma manera en cualquier cancha. Y eso lo demostró Capiatá.

Otra frase hecha. Suelen decir los técnicos. “Salimos a buscar el partido, debíamos remontar el resultado y al ir al ataque nos descuidamos atrás y por ello llegaron los goles rivales”. Mentira, ¿Por qué el hecho de atacar debe ser sinónimo de no defender? Para eso están los entrenadores, para que sus equipos tengan equilibrio en todo momento, defendiendo o atacando, con la pelota o sin ella. Y eso lo demostró Capiatá.

Toda la vida han querido convencernos de que los paraguayos solamente sabemos correr y luchar, que esa es “la nuestra”. Siempre nos pareció que no es así, que aquí se juega bien al fútbol, que hay grandes jugadores y que el día que nos animemos a jugar –sin dejar de luchar y correr- conseguiríamos grandes cosas. Y eso lo demostró Capiatá.

Hasta hoy seguimos escuchando que todo equipo necesita un “volante tapón”, aquel viejo volante al estilo Paraguay que en primer lugar hacía foul para supuestamente recuperar la pelota, en segundo lugar, si la recuperaba sin foul al instante se la entregaba al rival por falta de recursos técnicos. Creemos que un equipo puede marcar jugando y jugar marcando y que con un buen trabajo táctico un equipo puede defenderse, presionar y recuperar la pelota juntando a buenos jugadores que, aparentemente, no tienen vocación de marca. Y eso lo demostró Capiatá.

Muchas actitudes negativas, inconductas, bravuconadas, suelen ser erróneamente excusadas basándose en que “debido a la tensión por remontar un resultado estábamos nerviosos”. ¿Qué se gana con ello?, nada. Lo ideal, siempre, será apostar a jugar bien, a ser sereno en la adversidad, a mantener la cabeza fría y  el corazón caliente. Pensar y jugar, confiando en las propias fuerzas. Y eso lo demostró Capiatá.

Dio gusto, ver jugar a Capiatá, amigo lector.. Dio gusto ver jugar a un equipo paraguayo que tuvo personalidad, carácter y que apostó a un fútbol tan vistoso como efectivo para llevar a cabo algo que sin dudas ha entrado por la puerta grande en la historia de la copa Libertadores de América.

No sólo clasificó, Capiatá dejó lecciones.

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