Opinión

La pelota llora; el fútbol está en cuarentena

El ser humano nace con un virus incorporado, amigo lector, un virus bueno, positivo, hermoso, fascinante.
15/03/20 - 22:00
  • La pelota llora por la cuarentena del fútbol. Foto: Ilustración.
    La pelota llora por la cuarentena del fútbol. Foto: Ilustración.
Por Robert Singer
rsinger@tigosports.com.py

The Football Association se funda en el año 1863 en Inglaterra y esa es la fecha que el mundo moderno considera como aquella en la que oficialmente se introduce el virus del fútbol en el organismo de casi todos los habitantes de este planeta.

La cuestión histórica tiene voces disidentes. Por una parte, un trabajo de investigación del sacerdote jesuita y antropólogo español Bartomeu Meliá, quien se radicó en el Paraguay y luego adoptó la nacionalidad señala que ya los indios guaraníes practicaban lo que se dio en llamar el juego del “manga ñembosarai”. Dice Meliá que “el juego de la pelota con los pies, al que se denominó luego fútbol, nace con los pies de los indígenas guaraníes ya en épocas precolombinas y mucho antes que en Inglaterra y en Europa, donde dicho juego era desconocido en ese tiempo”. Este juego precolombino, es registrado y documentado por sacerdotes jesuitas en las reducciones desde 1639.

Por otro lado,  están los que afirman que  los chinos y japoneses ya jugaban a algo parecido a lo que es hoy el fútbol 2.500 años antes de Cristo.

Para fines de esta columna ese costado histórico, si bien resulta fascinante, no importa. Lo que sí importa es en lo que se transformó el fútbol, lo que sí tiene que ver es como un deporte alcanzó niveles tan extraordinarios en la vida de la humanidad hasta el punto que una copa del mundo paraliza, en sentido casi literal,  toda actividad en cada uno de los continentes.

Por esto último es que muchos seudo culturosos tildan al fútbol de “opio del pueblo” dando a entender que el fanatismo de las personas por sus clubes y selecciones las hace olvidar de aspectos más importantes de la vida. Una estupidez total, una descalificación que denota el total desconocimiento de lo que pueden hacer apenas noventa minutos (hoy son un poco más) en la vida de una persona que se alegra o se entristece hasta niveles inimaginables pero que pasada esa alegría o tristeza continúa su vida.

De todas formas, vale señalar que grandes escritores como el uruguayo Mario Benedetti, el francés Albert Camus o el colombiano Gabriel García Márquez, hincha del Junior de Barranquilla, los argentinos Roberto Fontanarrosa, hincha de Rosario Central y Ernesto Sábato, hincha de Estudiantes de la Plata, el paraguayo Augusto Roa Bastos y el peruano Mario Vargas Llosa, hincha del Universitario, entre otros han dejado en claro su afición a este juego.

El fútbol no soluciona los problemas de salud, seguridad o educación y por lo tanto al día siguiente de la obtención de un campeonato -aunque sea que la albirroja gane el mundial-, las cuentas de luz, agua, municipalidad, los impuestos, etcétera seguirán llegando y habrá que pagar.

Sí, es innegable que en el estado de ánimo de una persona el resultado de un partido –y si es un clásico, con mayor razón- tiene un efecto que no lo tiene prácticamente nada en la vida salvo el nacimiento de un hijo o la pérdida de un ser querido como analogías de grandes alegrías o tristezas.

Hoy, es un momento difícil para el mundo y, claro está que no es el fútbol lo más importante pero cuán triste fue haber visto, como primera medida de precaución, partidos jugados con estadios vacíos y luego, ya como medida definitiva de seguridad sanitaria pública, la suspensión de prácticamente todos los torneos del planeta.

Hoy, ella está allí, guardada en la oscura seguridad de un armario dentro de la utilería. Hoy, ella, que sabe que sin su presencia no hay juego, no entiende por qué no vienen a buscarla y, acostumbrada a ser mimada y a que peleen por ella, adicta al rugir de las gradas en cada estadio del mundo, no alcanza a comprender tanto silencio.

Hoy, ella, presiente que algo muy extraño y, sobre todo, algo muy feo debe estar pasando afuera y en la oscura seguridad del armario deja escapar una lágrima.

Es así, amigo lector, hoy la pelota llora; el fútbol está en cuarentena.

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