Opinión

La alegría es tan grande como la incertidumbre

Y se dio nomás, amigo lector. El “EcuaPón” funcionó y el empate tan anhelado nos dio una clasificación que no habíamos podido lograr por nuestros propios méritos.
25/06/19 - 14:14
  • Miguel Almirón, el más desequilibrante de la selección paraguaya. Foto: @Albirroja.
Por Robert Singer
rsinger@tigosports.com.py

¡Ojo!, esta manera de clasificar no nos quita la alegría, al menos a nosotros. Para aquellos puritanos deportivos a los que, de repente, les importa tanto la forma les decimos que no solamente respetamos esa opinión, sino que, además, de cierta manera la compartimos, nos importa el cómo, nos importa el jugar bien, nos importa ser protagonistas, nos duele ver a la selección jugar como ante Colombia, pero eso no nos puede llevar a decir: “Ojalá que la selección no clasifique”.

Para los nostálgicos, les recordamos que en la Copa América de Argentina 2011 también clasificamos terceros en el grupo que compartíamos con Brasil, Ecuador y Venezuela. Así, como uno de los “menos peores terceros” llegamos, sin ganar ni un solo partido, nada menos que a la final.

“Tuvimos culo”, dijo con toda sinceridad el técnico de esa selección, Gerardo Martino, quien agregó que, si llegara a ser campeón “teniendo culo”, lo festejaría. Por si hiciera falta explicarlo, esa expresión de Martino es bien argentina y hace relación a la dosis de suerte que se necesita siempre en la vida incluso cuando se hacen bien las cosas y, claro, más todavía cuando no se las hace del todo bien como pasaba con aquella selección cuyo desempeño era, a lo sumo, discreto, salvo en el primer partido contra Brasil (empate 2-2, ganamos en penales).

Argentina estuvo al borde de la eliminación en fase de grupos en el Mundial de Rusia después de un casi humillante empate ante la amateur Islandia y una goleada sufrida frente a Croacia. Un gol agónico ante Nigeria la dejó en carrera y terminó jugando la final. En el preolímpico jugado en Asunción, clasificatorio para los juegos de Barcelona 92, Paraguay había jugado todos sus partidos y lo hecho no había sido suficiente para clasificar. Quedaba por esperar un milagro de una Venezuela, que en esa época no era un rival de riesgo, ante Brasil. Lo que parecía un simple trámite para la Verdeamarela fue un milagro venezolano, que consiguió un empate dándole la clasificación a Paraguay. El fútbol tiene historias como estas.

Dicho esto, señalemos que la alegría por clasificación no quita la objetividad del análisis. Si no hubiésemos clasificado lo más probable es que a estas horas ya Berizzo y su equipo hubiesen estado trabajando en el balance de lo que fue una fase de grupos en la que tuvimos, para nosotros, un partido regular ante Catar, otro muy bueno ante Argentina y terminamos con uno muy malo frente a Colombia. Y, a no dudarlo, el bisturí iba a entrar en acción para una cirugía mayor que incluiría, seguro, a aquellos jugadores que demostraron que la selección no puede contar con ellos. Y no se trata de que jugaron mal, algo que le puede pasar a los mejores del mundo, sino de la falta de respuesta anímica que se necesita al vestir la Albirroja. Por citar nombres propios, Cecilio Domínguez, Juan Iturbe y Celso Ortiz encabezarían esta lista.

Las vueltas que tiene el fútbol dan a estos jugadores una posibilidad fantástica porque, al fin y al cabo, están en la lista y quizás, sino de titulares al menos como alternativas podrán volver a entrar a la cancha.

Si ello llegara a ocurrir ojalá les vaya bien, por ellos, para demostrar que sí pueden jugar en la selección, por el técnico que se jugó por ellos al convocarlos y al que hasta ahora han defraudado, por la afición que espera lo máximo de cada jugador que entra a la cancha con la Albirroja y, claro, por la selección que los necesita en su máximo nivel.

La selección paraguaya se encuentra ante una de esas situaciones que gustan a los jugadores paraguayos. Todos dicen que nos vamos a llevar una goleada como la que se comió Perú ante Brasil y cuando se dan estas situaciones los jugadores paraguayos suelen sacar todo su repertorio anímico para hacer partidos excelentes como el que jugaron ante Argentina. Después, pasado el “súper esfuerzo”, físico y mental, también suele ser normal tener actuaciones lamentables como la que se tuvo frente a Colombia.

Si de nombres se tratara podríamos, desde esta columna y simplemente como un juego periodístico, apostar a un equipo con Fernández; Escobar, Gómez, Balbuena y Arzamendia; R. Rojas, Sánchez y Almirón; González, Cardozo y Romero.

Lo dijimos antes, se abre una nueva y magnífica oportunidad y desde aquí estamos alegres por la clasificación que nos hubiese gustado alcanzar por méritos propios, pero que es válida igual porque el reglamento así lo permite. Y también seguimos teniendo fe en aquellos jugadores que han demostrado ser de selección.

La selección ha demostrado en muy poco tiempo tener dos caras. Ante Brasil, ¿jugaremos como frente a Argentina, con personalidad, carácter y buscando hacer daño en ataque o seremos ese equipo sumiso, casi sin ganas, que miraba jugar al rival como pasó ante Colombia?

Es así como nos sentimos, amigo lector, en este momento en que la alegría es tan grande como la incertidumbre.

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