Opinión

Futbolcracia, el sistema en que no caben superligas

Todavía tenemos fresca en la mente la actitud de falsa humildad pero, sobre todo, todavía tenemos frescas, amigo lector, las palabras de un ser humano que de cada tres palabras que pronunciaba, una era dinero. Reza un dicho: “Hay gente tan, pero tan pobre que lo único que tiene es dinero”
02/05/21 - 20:44
  • La frustrada Superliga de Europa.
Por Robert Singer
rsinger@tigosports.com.py

En el programa deportivo “El Chiringuito de Jugones”, de España, Florentino Pérez, un señor al que le teníamos respeto y hasta admiración por la manera de conducir a una institución tan grande como lo es el Real Madrid, se esforzaba por explicar al mundo entero la urgente necesidad de crear la denominada Superliga dando, al mismo tiempo, la falsa sensación que de no prosperar dicha idea sería el fin del fútbol.

De acuerdo a lo que Pérez “explicaba” 12 clubes europeos, los mayores, los mejores o los principales de las, a su vez,  mayores, mejores o principales ligas, habían llegado a la conclusión que eran ellos los que sostenían a los demás clubes y que, por lo tanto, era lo más lógico crear una asociación que los tuviera para siempre en la cima europea sin necesidad de pelear a lo largo del año en sus respectivas ligas para conseguir un lugar en la Champions. Con el respaldo de un banco norteamericano Pérez y sus 11 apóstoles estaban seguros del respaldo mundial tanto a nivel de espectadores, como del interés de las televisiones internacionales y, por consiguiente, de los principales sponsors.

Real Madrid, Barcelona y Atlético Madrid (por España), Juventus, Inter y Milán (por Italia) y un sexteto inglés (Chelsea, Manchester City, Tottenham, Manchester United, Arsenal y Liverpool) integraban el lote de clubes fundadores que, supuestamente, iban a ser 15. Con 5 “invitados” por año completarían 20 para hacer así dos grupos de 20, divididos en dos grupos de 10.

El 18 de abril Pérez lanzaba al planeta la creación de esta tan elitista como repugnante Superliga de la cual, desde luego, él iba a ser el presidente. Para el 20 de abril la Superliga estaba muerta y enterrada.

De manera absolutamente contraria a la que, seguramente, habrían pensado los mandamases de cada uno de los auto titulados súper clubes, la respuesta mundial fue lapidaria. Los hinchas, esos de verdad, los que quieren a sus clubes, los que han sido hinchas desde siempre, mucho antes de la llegada de los jeques, príncipes, emires, estados árabes, magnates petroleros rusos, reaccionaron de manera tan unánime como si se hubiesen puesto de acuerdo y ante la sede de sus respectivos clubes hicieron marchas, pintatas, y todo tipo de manifestaciones para dejar en claro que no, que no querían esa porquería.

La UEFA también se sumó con amenazas de desafiliación y otras sanciones pero, en definitiva, lo importante, lo fundamental fue la reacción de los hinchas sumada, esto sí, a posturas claras y terminantes de referentes del fútbol, no de tecnócratas sino de jugadores, exjugadores, entrenadores. De a uno, poniendo las más ridículas excusas o pidiendo directamente disculpas a sus fans y socios, los prepotentes, los millonarios, los que se creían por encima del resto fueron bajando de sus nubes hasta posar de nuevo sus pies sobre la tierra con la cabeza gacha, con el orgullo herido, con el nombre y el escudo de sus clubes manchados para siempre.

Es cierto, no cabe ninguna duda que las asociaciones mundiales que manejan al fútbol desde sus continentes más la mismísima FIFA deberían hacer auto crítica pero estos clubes eligieron la peor manera de protestar porque lejos de pensar en los demás, que es lo que da valor a toda lucha, lo, hicieron pensando apenas en ellos, los ricos, los poderosos; ¿el resto?, que se joda y coma mierda.

Gravísimo error de parte de quienes tienen una billetera en la cabeza y una chequera en el corazón y no han entendido jamás –hasta ahora- que los clubes que manejan, que han comprado o alquilado tienen como principal patrimonio, no jugadores, no títulos, no predios, no estadios sino sentimientos. El fútbol es amor del más puro, es barrio, es ciudad, es barrio Obrero, es Manchester, es Luque, es Milán, es La Boca, es Barcelona, es Avellaneda, es Liverpool, Rio o Sao Paulo y fueron sus hinchas, no los de las barras bravas que viven del club sino aquellos que viven para el club, aquellos que lloran, que sufren, que gozan, se alegran, los que compran camisetas, bufandas, guampas, termos, los que les dijeron ¡NO! a la Superliga.

Por otra parte, yendo a lo estrictamente futbolero, lo atrapante de este juego es la duda acerca de una clasificación o eliminación. Alguna vez  hemos inventado el término “Futbolcracia”, un concepto que afirma que el fútbol es lo único en el mundo –sí, lo único- que permite que el débil le gane al poderoso, que el pobre le gane al rico. Y en ese concepto, en esa idea, radican la magia y la fuerza del fútbol. Una liga, por más “Súper” que fuere, a la que se llega de manera digitada y no por mérito deportivo no tiene ninguna gracia además de ser una falta de respeto hacia los demás clubes. Es como, si a nivel de selecciones, se unieran aquellos países que alguna vez ganaron una copa del mundo y formaran su propio Supermundial dejando de lado al resto.

Es probable que, como señalamos antes, la UEFA deba hacer una autocrítica y ver qué debe mejorar para que mañana esta nefasta idea de una Superliga no resurja con más fuerza (lo dudamos pero mejor es no descuidarse) pero ha sido fantástico, una enorme victoria de la fútbolcracia, comprobar que allí estarán los hinchas de verdad que quieren ver a sus clubes ganar títulos y copas pero siempre llegando por caminos rectos deportivos y no por atajos desleales ajenos al juego limpio.

Mientras el humilde River Plate de Paraguay le pueda empatar al gigantesco Corinthians el fútbol estará vivo. Los presupuestos, las billeteras y las chequeras no deben entrar a la cancha, ni tener influencia en partidos, ni en torneos.

La Superliga demostró la miseria de aquellos que solamente tienen dinero. Felizmente, la futbolcracia es un sistema en el que no caben las superligas.

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