Opinión

Ese grito sagrado

Domingo por la mañana, sol radiante, con su consecuente alta temperatura, pista sintética y a jugar 6 vs. 6. Pase filtrado con cierta elevación, me adelanto al arquero, desvío levemente el balón con la cabeza y a cobrar.
02/04/18 - 12:22
  • José Luis Chilavert y un festejo inolvidable. Foto: mendozapost.com
Por David Arana
David.ARANA@tigo.net.py

Grito de gol. El más especial en mi amateur carrera de futbolista. Es que justo detrás del arco donde acabo de convertir se ubicaron, bajo la sombra de un frondoso lapacho, mi esposa y mi hija de 6 años. Cual eximio goleador, aunque esté muy lejos de serlo, levanto el dedo índice de la mano derecha y les dedico a ellas el tanto. El grito, la risa y los aplausos de mi pequeña hicieron de ese momento, uno de los más felices que recuerde.

El partido, disputado en el polideportivo de un colegio asunceno, correspondía a un certamen Interpadres de la categoría Senior, denominada cariñosamente como Sub 40+, por la edad mínima que debemos tener los integrantes de cada equipo. El sentimiento que me generó ese momento, con todo el contexto mencionado, es lo que me llevó a pensar en todo lo que siente alguien que anota un gol en cualquier partido de fútbol, ya sea un torneo de ex alumnos, de barrio o en simples encuentros entre amigos. Y ni hablar del privilegio que tienen los futbolistas profesionales de ser los generadores del grito sagrado para sus clubes y aficionados. Es una indescriptible sensación de nirvana, alegría y orgullo.

Por eso, una pregunta me invade: ¿Por qué hay tan pocos futbolistas paraguayos que se destacan por su capacidad goleadora en la actualidad? En realidad, a lo largo de la historia, son contados los jugadores originarios de nuestra tierra que sobresalieron como artilleros en el extranjero. Y es que hay una realidad en esto: no se desarrolla la confianza necesaria para rematar cuando se está ante una posibilidad concreta de definición.

En las escuelas de fútbol y las categorías inferiores de los clubes de nuestro país, la definición frente al arco es solo una parte del aspecto técnico que se moldea en los chicos y jóvenes. A la par y en la misma cantidad, driblar, cabecear, controlar con distintas partes del cuerpo, avanzar con balón dominado, realizar pases cortos y largos, amagar y otras cuestiones referentes a la técnica, tienen la misma importancia que el disparo al arco o la resolución dentro de la zona caliente. Cuando que en realidad esta última parte debería ser la más practicada y enseñada, sin importar el puesto que cada uno ocupe: delantero, mediocampista, defensor y hasta arquero, considerando que un portero puede definir de penal, tiro libre o intentando la heroica en una pelota parada.

Justamente, ahora me viene a la mente dos de los goles que más grité en mi vida como aficionado: el de José Luis Chilavert a Argentina, en Buenos Aires, y el de Jorge Campos a Brasil, en Asunción. Esos sí que fueron gritos sagrados. Está por demás decir que lo del Chila es algo trabajado, ya que el propio arquero en más de una ocasión afirmó que siempre se quedaba después de los entrenamientos, unos 40 minutos, a practicar sus temidos lanzamientos. Y lo de Campitos fue el instinto de animarse a patear sin importar que el balón le quedase para “la de palo”, la derecha en este caso. Fue resolutivo en la zona caliente y tuvo la precisión necesaria para embocarla.

Por eso, abogo por más futbolistas paraguayos, en etapa de formación y profesionales, que se animen más a definir frente a la portería adversaria, sin temores ni complejos. Lleven a la realidad lo que siempre hicieron en las canchitas de barrio o en la pista sintética, si hablamos de tiempos más actuales. Déjense llevar por el hambre de gol, de darnos el placer de seguir sacando a voz en cuello ese grito sagrado y único. Mientras tanto, por mi parte, en lo que me permita mi descuidado estado físico, trataré de generar mis propios gritos sagrados en algún que otro torneo Sub 40+, con la dulce complicidad de mi pequeña, alentándome desde el costado de la cancha.

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