Opinión

En la larga cadena de la impunidad, nada cambia

En la gala musical como broche de oro de la celebración de los 45 años del diario Última Hora, medio de comunicación estrechamente ligado a nuestra carrera y nuestros afectos, participaron varios solistas y grupos que, en plena dictadura stronista, bajo el rótulo general de Nuevo Cancionero Paraguayo, iniciaron desde escenarios en todo el territorio patrio, a riesgo de sus propias integridades físicas, una apertura democrática.
16/10/18 - 10:25
  • Secuencia del partido entre Sportivo Luqueño y 3 de Febrero. Foto: @APFOficial.
Por Robert Singer
rsinger@tigosports.com.py

“Maneco” y José Antonio Galeano, Carlos Noguera, Ricardo Flecha, Carlos y Jorge Pettengill, individualmente o integrando grupos como Sembrador, Juglares, Vocal 2 y otros a los que pedimos disculpas por no nombrarlos, pero tienen todo nuestro más profundo respeto, continuaron en el Paraguay un proceso músico/cultural iniciado en la Argentina y expandido rápidamente por toda una Latinoamérica inmersa en similares dictaduras.

Entre estos grupos, hubo un dúo integrado por Hugo Pomata y Gustavo Verna que, con la denominación de Gente en Camino, se ganó rápidamente el reconocimiento de sus pares y del público. Así como los hermanos Pettengill (Vocal 2) no podían bajar del escenario sin cantar Mi Patria Soñada, de los compatriotas Carlos Miguel Giménez (letra) y Agustín Barboza (música), Hugo y Gustavo no podían hacerlo sin entonar Cambia, Todo Cambia, del cantautor chileno Julio Numhauser, a su vez víctima de la dictadura pinochista.

Ya el título de la canción les sacaba roncha a los dictadores y chupamedias, y ni qué decir cuando escuchaban la primera estrofa:

Cambia lo superficial

Cambia también lo profundo

Cambia el modo de pensar

Cambia todo en este mundo

Dejando de lado la nostalgia y pasando a la actualidad, amigo lector, es triste decir que la canción es hermosa, pero que en nuestro país quizás cambie lo superficial, aunque no lo profundo ni el modo de pensar.

Lo ocurrido en cancha de General Díaz al finalizar el partido Sportivo Luqueño vs. 3 de Febrero demuestra que en este rubro nada cambia. Con los años, y de décadas hablamos, pasan gobernantes, pasan ministros, pasan comandantes de policía, pasan comisarios, pasan presidentes de clubes y nada cambia.

De la barbarie ocurrida resulta que hubo unos cuantos, hablaban de 29, supuestamente “detenidos”, pero he aquí que en menos de 24 horas todos estuvieron libres. De acuerdo a la información, el fiscal Miguel Vera tomó esta decisión debido a que la Policía Nacional no logró identificar a los autores del vandalismo ocurrido.

¿Aupei? ¿No pasó nada pio? ¿Termina todo en ese informe del fiscal? ¿No se rompió ninguno de los buses de los equipos? ¿No destrozaron patrulleras de la Policía? ¿No se destrozaron vehículos particulares y de medios de comunicación? ¿No tuvieron que buscar desesperadamente un refugio madres con criaturas en brazos? ¿De unos 500, algo más, algo menos, delincuentes, justo agarraron a treinta tipos “inocentes”?, la pucha, ¡qué puntería!.

Y así comienza la cadena de impunidad. La Policía, la que partido a partido escolta a los delincuentes de Luqueño, Cerro y Olimpia, dice, en la voz del comisario Inocencio Machado, que la Policía no habla de barras sino de hinchas y que la fiscalía determinaría si eran culpables o no.

Ya sabemos lo que dijo la Fiscalía. Los dirigentes de estos tres clubes no se hacen responsables de lo que hacen sus ahijados, el Tribunal de Justicia Deportiva sanciona, de guaú, a las “hinchadas organizadas”, cuyos integrantes después entran tranquilamente sin que nadie, jamás, amague siquiera un control, el Ministerio del Interior no se entera, la Secretaría Nacional de Deportes tampoco.

Lamentablemente, muchos periodistas también son cómplices en esto, ya sea por comisión o por omisión. Por comisión porque al darle espacios, al hacerles notas y entrevistas, al tratarlos como cuates, como grandes amigos, como líderes de “hinchadas organizadas”, les hacen aparecer como lo que ellos, los delincuentes, pretenden: como personas importantes y hasta influyentes en los clubes. De hecho, lo son gracias a la complicidad con los dirigentes, pero el periodismo no debería darles cabida. Y, por omisión, porque callarse, mirar para otro lado, no denunciar, es, también, una manera de dejarles la cancha libre, de no molestarlos para no ser molestados.

Habrá que ver en qué cancha va a jugar, qué club le prestará a Luqueño sus instalaciones, quizás Capiatá por la relación política del señor Erico Galeano con los hermanos que siguen siendo los dueños de Luque y del Sportivo. Lo que uno cree es que, como mínimo, si el Tribunal de Justicia Deportiva pone huevos, los partidos de Luqueño a partir de ahora deben ser no a puertas cerradas, pero sí sin ningún hincha del Luqueño. Tristemente, los inocentes deberán pagar por los pecadores, pero no se puede permitir que los lobos vuelvan a entrar disfrazados, mimetizados de inocentes corderitos, como ocurre, por ejemplo, con la hinchada olimpista, supuestamente castigada “en todas sus facciones”.

¡Ja!, aquí deberíamos poner varios emoticones de carcajada.

Alguna vez, años atrás, habíamos utilizado desde esta misma columna la figura relacionada con la canción/bandera de Gente en Camino. Las disculpas del caso, amigo lector, pero ocurre que ante la repetición de hechos como el ocurrido en cancha de General Díaz uno constata que, por más que pasen los años, en la larga cadena de la impunidad, nada cambia.

 

 

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