Opinión

El fútbol debe ser una herramienta para la educación

Llegó, amigo lector. Llegó y nos dolió aunque, sinceramente, no nos sorprendió. Era cuestión de tiempo y en cada partido que nos tocaba trabajar en el estadio de este club tratábamos de ver, casi controlar, cómo se iba desarrollando la cuestión.
13/08/17 - 11:52
Por Robert Singer
rsinger@tigosports.com.py

En algún partido notamos uno de esos cantitos típicos de hinchadas más grandes y tratamos de avisar para que las autoridades del club tomasen las medidas correspondientes a fin de cortar de raíz un mal que una vez que se deja crecer se vuelve mucho más complejo, como toda enfermedad. Tal cosa no ocurrió y así como celebrábamos cada vez que veíamos que el club recibía cada vez mayor acompañamiento de parte de la gente cercana a su sede también crecía la preocupación de que llegara a ocurrir lo que, finalmente, ocurrió. Estamos hablando del club Sol de América y de una situación tan lamentable y dolorosa como peligrosa como lo es la aparición, ahora sí en forma oficial, de una barra brava que tiene todas las características de todas sus deplorables colegas de aquí, de la Argentina, del Uruguay, de Chile y de cualquier otra parte del mundo.

A lo largo del partido se pasaron entonando (bien entonados ya entran y la pregunta es, ¿cómo entran así, borrachos y drogados?) esos cantitos que lejos de ser de aliento al equipo o a algún jugador en particular tienen el claro tono de amenaza.  Curiosamente, una medida que se aplica en el fútbol por motivo de seguridad aquí tuvo efecto totalmente contrario y así cuando el arquero de Sol de América fue en el segundo tiempo a ocupar el arco hacia el sector en el que estaban “sus hinchas” comenzó el calvario que tuvo su epílogo cuando luego del pitazo final el golero Gerardo Ortiz se dio vuelta hacia “su hinchada” haciéndole con una mano golpeando la palma de la otra, el típico gesto de “están pagados”.

Nos contaron, porque no estuvimos en Villa Elisa en este partido, que la cosa pasó a mayores y que hubo desafíos entre otros jugadores y que estos indeseables fueron a “apretar” a los jugadores al mejor estilo de sus colegas olimpistas, cerristas y luqueños.
Con estas tres barras ya no hay nada que hacer simplemente porque no hay ninguna voluntad de hacer algo, pero sí es posible que la gente de Sol de América tome cartas en el asunto y tome todas las medidas necesarias como para que estos no vuelvan nunca más.

En caso que las autoridades del Sol de América miren para otro lado, se desentiendan de esto, las consecuencias serán nefastas y durante toda la semana estos zánganos  serán permanentes visitantes a los entrenamientos con el fin de apretar, extorsionar, chantajear, amenazar a los jugadores y a los propios dirigentes que si deciden criar cuervos se quedarán sin ojos. Les avisamos y si no nos creen miren hacia Para 1, miren hacia  barrio Obrero, miren hacia Luque. Como buen ejemplo pueden mirar hacia Capiatá. Allí también un día aparecieron estos zánganos y cuando intentaron convencer a sus dirigentes de la necesidad de tener una barra fueron sacados casi que a patadas con un consejo de yapa: Tapejó na pe mbaapó (Vayan a trabajar). Demás está decir que es lo peor que se les puede decir.

Hoy lamentamos que la comunidad capiateña no arrope más a su equipo, que no lo acompañe como creemos que debiera y merece un club que ha crecido mucho en lo institucional y lo deportivo pero vamos a preferir mil veces que las gradas estén vacías a que estén colmadas por borrachos pagados.
Lo más triste en el caso de Sol de América, una entidad ejemplo en muchísimos sentidos, será que sino actúan como deben hacerlo no solamente dejarán instalar una barra brava más a la que ya no podrán controlar sino que dejarán escapar una fantástica posibilidad de hacer historia con el ejemplo en una comunidad que tiene al club como una oportunidad deportiva para sus chicos y que por ello debiera ser también un lugar en el que los principios y los valores sean inculcados a estos chicos y a toda la ciudad.

De verdad tenemos mucha esperanza en las medidas que puedan llegar a tomar los dirigentes de Sol de América porque no nos cabe ninguna duda que, más allá de lo estrictamente deportivo, el fútbol debe ser una herramienta para la educación.

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