Opinión

Y dicen que en las finales no se puede jugar bien

Ahí está el flamante campeón de la Copa Sudamericana.
24/01/21 - 00:22
  • Defensa y Justicia, flamante campeón de la Copa Sudamericana 2020. Foto: @CONMEBOL.
Por Robert Singer
rsinger@tigosports.com.py

Ahí está el plantel de Defensa y Justicia rodeando a su capitán que, con la copa en la mano, le muestra al continente que las finales también se pueden ganar jugando bien, jugando lindo.

Completando el combo de la triple G, Defensa y Justicia “Ganó, Goleó y Gustó” ante Lanús. Bueno, aclarémoslo, lo de las dos primeras G no se puede discutir, son datos concretos, objetivos, mientras que la tercera G sí es discutible porque encierra un grado de subjetividad y se sabe que en ese rubro siempre se ha dicho que “Sobre gustos no hay nada escrito”, vale decir, habrá –y la hay, muchísima- gente a la que no le guste el estilo de juego de D y J, y está bien.

Lo que no está bien, amigo lector, es que aquellos a los que no les gusta el estilo del campeón de la llamada “Otra mitad de la gloria” nos pretendan hacer creer que en la Copa no se puede jugar bien, que en la Copa no hay lugar para el “jogo bonito” ni los lujos (A ellos les dedicamos el taquito sublime con que empieza a gestarse el primer gol de D y J).

Con el trillado rótulo de “líricos” pretenden descalificar tanto a los que disfrutamos de esta manera de entender el juego, como a aquellos jugadores y entrenadores que apuestan a esta fórmula para alcanzar sus objetivos.

Vaya uno a saber por qué, el hacha siempre está lista para caerle a aquellos que le dan a sus equipos esa característica de ser protagonista, de ir al frente, de intentar presionar no solamente para sacarle la pelota al rival sino para, inmediatamente, lanzarse a una ofensiva potente.

En la columna anterior comentábamos que esta manera de entender el fútbol es, en la mayoría de las veces, una manera de entender la vida y es triste, en nuestra opinión, que sean más los especuladores, los “cautos”, los tibios, los que prefieren “asegurar el cero en su arco”, los que prefieren “darle la pelota al rival” para ver qué propone, qué hace, qué intenta.

Pasando esta manera de pensar y actuar es como a la hora de juzgar a los jugadores de manera individual siempre se llevará más elogios el jugador correcto tácticamente, el que se sacrifica, el laborioso, el delantero que vuelve, el extremo que vive al lado de su propio lateral. No aportan nada estético, nada de fantasía, nada de audacia pero, para los técnicos cobardes que buscan asegurar sus puestos antes que formar grandes equipos, son tipos útiles al equipo y siempre los preferirán antes que a aquellos que, es cierto, tal vez no corran tanto a la hora de defender pero desequilibran en ataque. Eso sí, cuando se les quema la casa lo primero que hacen es recurrir a estos jugadores.

La vez pasada nos había quedado un sabor agridulce porque si bien habíamos disfrutado de la magnífica exhibición futbolera de River ante Palmeiras, veíamos como el equipo brasileño clasificaba. Es cierto, ganó 3 – 0 en Buenos Aires, pero está más que claro, que aquel resultado no tuvo que ver con una gran actuación individual ni colectiva, mientras que el 2 – 0 de River, sí. Claro, ante el resultado puesto Palmeiras avanzaba y, como siempre, salía lo de equipo lírico, sí, juega lindo pero no se clasificó, sí, atacó pero no definió y todo eso que lamentablemente surge en estas situaciones. Hasta hubo quienes, increíblemente, pretendieron hacernos creer que Palmeiras jugó así a propósito cuando que fue más que obvio que River le pasó encima.

Curiosa y lamentablemente, en la final de la Libertadores se enfrentarán dos equipos brasileños que no han sido precisamente los mejores exponentes del estilo futbolero que han tenido a lo largo de la historia los equipos y selecciones de ese país. Ojalá saquen de la galera algo que hasta este momento no han mostrado y estén a la altura de lo que significa una final de Copa Libertadores entre estas dos camisetas.

Hoy, para “los líricos”, la fiesta es completa porque hemos disfrutado de la enorme actuación de un equipo que fue dueño del partido desde el primero hasta el último minuto, apostando a un juego absolutamente ofensivo sin que por ello –y como debe ser- dejara de lado la faceta defensiva. Lo de D y J fue estupendo y el 3 – 0 le quedó corto a tanta diferencia en el juego.

D y J ganaba 2 – 0 una final y seguía jugando de la misma manera, siendo el dueño de la pelota, mirando al arco rival y como prueba de esto llegó el tercer gol. Vale decir, no se colgó del travesaño y Hernán Crespo, un entrenador joven que ya ha dado evidencias de qué lado del pensamiento futbolero está, no llenó a su equipo de centrales y volantes de contención para “cerrar el partido”, no “metió el micro frente al arco”.

Defensa y Justicia es un gran campeón –invicto- que tuvo el enorme mérito de no renunciar a sus convicciones en el partido decisivo.

Y dicen que en las finales no se puede jugar bien.

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