Opinión

Dos formas de ver el fútbol; dos formas de ver la vida

Pocas veces hemos quedado tan tristes, tan decepcionados, tan vacíos después de un partido en el que, en verdad, no teníamos ningún interés directo, amigo lector.
15/01/21 - 16:00
  • Acción de juego en el partido entre Palmeiras y River, en Brasil. FOTO: @RiverPlate.
Por Robert Singer
rsinger@tigosports.com.py

Nos estamos refiriendo al partido en el que el River Plate de Argentina derrotó por 2 – 0 al Palmeiras brasileño, resultado que no le bastó para clasificarse, habida cuenta que en el partido de ida había perdido por 3 – 0.

De los resultados en sí podríamos decir simplemente que el de Buenos Aires no reflejó, por exagerado, lo ocurrido en el partido, mientras que el de Sao Paulo quedó corto por lo expuesto por River. El equipo argentino demostró acabadamente que no por salir a buscar un resultado, muy difícil de conseguir, por cierto, un equipo deba descuidarse en defensa.

Lo de River fue avasallador y literalmente le pasó por encima, se lo llevó por delante a Palmeiras, un equipo que pese a ser hoy uno de los finalistas de la Copa Libertadores, está muy pero muy lejos de ser uno de esos equipos brasileños que hemos admirado a lo largo de la historia. No solamente no deslumbra en lo colectivo sino que, cosa rara, ni siquiera tiene a una figura de aquellas que uno guarda en la memoria y terminados los partidos sigue comentando sus jugadas.

Está claro que el fútbol; como todo en la vida, es competencia y que se juega para ganar, pero también está claro que en el fútbol, un equipo que no es superior al otro puede resultar vencedor en un duelo, ya sea en partido único o como en estos casos de ida y vuelta, y lo que también demuestran casos como el que citamos, es que si bien el fondo es importante, las formas también lo son.

Pese a aquello tan trillado de que “las comparaciones son odiosas” –por cierto, afirmación que no compartimos- vale citar aquí el contraste que fue la presentación hecha al día siguiente del equipo de Boca Juniors, de Argentina, ante el Santos de Brasil. Lo de Boca fue paupérrimo desde todo punto de vista y el equipo jamás estuvo a la altura de un partido tan importante ni de lo que representa en el continente esa camiseta y ese escudo. Fue un equipo que deambuló por el campo sin fútbol, sin garra, sin alma, sin amor propio.

River y Boca quedaron eliminados pero uno ganó su partido y salió con la mirada en alto, con la certeza de haber dado todo por ese triunfo que llegó aunque no alcanzó, mientras que el otro no solamente perdió, sino que salió con la cabeza gacha, avergonzado, y así hicieron sentir también a sus respectivos hinchas.

Una postal que no recordamos haber visto después de un partido fue la del director técnico del Palmeiras, el portugués Abel Ferreira, colgado –literalmente- de su colega, Marcelo Gallardo, demostrándole con gestos inequívocos su respeto y admiración por lo que el equipo argentino había demostrado en el campo. En la conferencia de prensa se encargó de hacer público este reconocimiento.

Es cierto que los campeones son indiscutibles toda vez que hayan llegado al título de manera legítima, dentro de los reglamentos y si en la final única a jugarse el 30 de enero en el Maracaná vemos, orgullosos, al capitán de nuestra selección, Gustavo Gómez, alzar la deseada Libertadores, felicitaremos al campeón, pero de ninguna manera cambiaremos nuestra opinión acerca de su juego, salvo que en este último partido el equipo saque a relucir atributos que no le hemos visto hasta el momento.

Y, sin embargo, seguiremos aplaudiendo a equipos como River, que enaltecen el juego, que tratan de aportarle desde su propuesta una intensidad que no es sólo física sino futbolística, un juego agresivo desde el vamos, una postura de equipo ganador, protagonista, que maneja las diversas alternativas que debe tener un equipo competitivo en su repertorio.

Estos equipos, los que van por el triunfo desde el vamos, los que dicen “yo vengo a ganar”, en cualquier cancha, los que en la búsqueda de la eficiencia y del resultado no dejan de lado la fantasía, la alegría, el buen juego, la inspiración, son los que nos gustan aunque a veces no ganen como ha pasado con grandes equipos y selecciones de la historia.

Los otros, los que se escudan en eso de que “el fin justifica los medios”, los que buscan ganar “como sea”, los especuladores, los avaros, esos nos caen muy mal.

Son, en definitiva, amigo lector… dos formas de ver el fútbol; dos formas de ver la vida.

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