Opinión

“Chiqui” al menos tuvo el coraje de cambiar

Como verá el amigo lector, en el título de la columna nos referimos a Francisco Arce en tiempo pasado. Creemos que es lo mejor. Creemos que este es un momento en que tanto para la APF como para el propio “Chiqui” lo ideal es estrecharse las manos (el presidente Harrison lo haría en nombre de la institución) y, como canta Julio Iglesias: “Yo seguiré mi camino, tú seguirás tu camino”.
13/10/17 - 17:02
Por Robert Singer
rsinger@tigosports.com.py

Nos parece que sería mejor para la APF porque podría buscar un técnico que pudiera aprovechar este primer paso, para nosotros fundamental, dado por Arce al animarse al menos a intentar un cambio en la manera de jugar de la selección.

Habíamos perdido el tren. Nos habíamos quedado en el tiempo sin darnos cuenta que todas las demás selecciones jugaban a otra cosa, mientras nosotros seguíamos con la garra y la lucha como únicos argumentos pese a tener muy buenos jugadores como para intentar algo más, sin dejar de lado la garra y la entrega, pero con la urgente necesidad de aportarle a nuestro juego, eso, juego, pelota bien tratada, triangulación en toda la cancha, habilidad, desborde, fantasía, repentización. Todo eso que admiramos en otras selecciones y que parece que a nosotros nos está prohibido.

Arce ya lo había intentado la primera vez que estuvo al frente de la Albirroja, pero el resultado estuvo lejos de ser bueno, un poco porque el cambio fue –o intentó ser- brusco, de golpe, un poco porque hubo muchos jugadores que no le respondieron al entrenador, que no estuvieron a la altura de lo que es una selección y un poco porque tal vez el propio Arce no estaba todavía en condiciones de asumir un cargo tan importante.

En esta segunda etapa la cosa fue al revés porque en la primera, Arce arrancó el operativo y fue cambiado mientras que aquí debió hacerse cargo del lugar dejado por Ramón Díaz. Otra diferencia, a favor de Arce, fue que aquí ya no era simplemente un técnico joven con un buen trabajo en Rubio Ñu, sino que ya tenía sobre la espalda títulos con los dos grandes.

Díaz no estaba haciendo una mala Eliminatoria. Había ganado en Venezuela, empatado con Argentina y Brasil en Asunción, este último después de haber estado ganando 2 a 0, había empatado en Quito, en fin, no estábamos mal, pero una mala Copa América Centenario después de una buena un año antes en Chile, le movió el piso sin contar los cambios dirigenciales en la APF.

Arce alternó buenas y malas, como casi todos sus colegas a lo largo de las Eliminatorias, sacando a Tite, y lo cierto es que llegó al último partido dependiendo de un triunfo ante Venezuela. La victoria no llegó y así se cerró esta segunda etapa abriendo allí mismo el interrogante acerca de la posibilidad de seguir o no con Arce como técnico para las Eliminatorias del Mundial siguiente.

Y aquí volvemos al inicio, a nuestra opinión de que lo mejor sería una separación en buenos términos. Y así como ya señalamos por qué sería bueno para la APF, decimos que sería mejor para el propio Arce, porque le permitiría volver a trabajar en un club, de aquí, de Brasil o de donde lo llamen, volviendo al trabajo diario, a los entrenamientos tácticos diarios que tanto le gustan. Dos chances al frente de una selección son suficientes y nos parece que, por más que la APF quisiera continuar con Arce y que Arce quisiera seguir, no estarían, en la práctica, dadas las condiciones para esta continuidad. El mismo Arce reconoció que “envejeció” muchos años estando al frente de la selección y sin dudas que es así, que la selección gasta y desgasta, desde todo punto de vista.

La afición deportiva, suponemos que en una amplia mayoría, sigue teniendo a Gerardo Martino como el mejor técnico de la selección, pero no compartimos esa opinión. Estuvimos de acuerdo y nos entusiasmamos cuando Martino fue designado técnico de la Albirroja. Creíamos que la selección necesitaba un salto de calidad, pero nos desilusionamos cuando vimos que era más de lo mismo, que jugábamos quizás con una posición distinta en la cancha, pero, en el fondo, seguíamos siendo una selección defensiva, cautelosa, llena de volantes defensivos (Barreto, Santana, Cáceres, Riveros, Vera). Felizmente para Martino y la selección apareció un tal Salvador Cabañas que, recordemos, era suplente, y lo suyo marcó un antes y un después. Cuando pasó lo que pasó con él en México lo lamentamos desde el punto de vista humano y sentimos en el alma que Salvador no pudiera estar en el Mundial, se lo merecía más que nadie.

Martino no le dejó nada a Paraguay -incluso en su momento puso a un asistente suyo como Coria como técnico de la selección Sub 20- y Paraguay sí le dio mucho a Martino.

Martino tuvo un apoyo desde el periodismo y la afición que ningún otro técnico ha tenido y no quiso, no supo o no pudo darle ese “algo más” desde el juego que la selección necesitaba.

Hoy, que nos parece que debería cerrarse el ciclo de Arce, desde esta columna nos permitimos reconocerle el haber dado un primer paso, fundamental, para que Paraguay pueda ser un equipo realmente competitivo desde lo futbolístico y no solamente desde la entrega física.

Sin duda, “Chiqui” al menos tuvo el coraje de cambiar.

 

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