Opinión

Lo bueno es no tener nada que reprocharse

Cerro Porteño empató 1 a 1 ante River Plate de Argentina y quedó eliminado de la Libertadores. Eso, amigo lector, es lo concreto, lo que queda en la estadística. Sin embargo...
30/08/19 - 14:51
  • El León Nelson Haedo dejó todo en la cancha, al igual que sus compañeros.
Por Robert Singer
rsinger@tigosports.com.py

Sin embargo, más allá de la derrota que siempre duele y más cuando ella representa una eliminación, hay lecciones que, nos parece, deberían ser tomadas en cuenta.

El partido terminó, Cerro quedó eliminado, pero allí estaban, en el centro del campo, los jugadores siendo aplaudidos por su público y, al mismo tiempo, aplaudiendo a la gente en un intercambio de sentimientos que demostraba que, más allá de la tristeza, había mutuo agradecimiento y reconocimiento porque sabían que cada uno, desde su lugar, lo había dado todo.

El entorno virtual predecía algo muy cercano a una guerra que en el mundo real, el que vale, jamás existió. Era un partido de fútbol, con todo lo que implica un cuarto de final de Libertadores pero, nada más que eso, un partido de fútbol y, felizmente una vez más, todo aquello que las hediondas redes cloacales pretendían generar quedó sepultado por la magnífica fiesta que se vivió –una vez más, como aquella jornada del súper clásico- en una Nueva Olla que, sí, hirvió pero de calentura futbolera, nunca de violencia.

Una vez más, el operativo de seguridad fue impecable y, también una vez más, podemos mostrarle al continente y al mundo que aquí podemos jugar un súper clásico con hinchas de los dos clubes y que se puede jugar un cuarto de final de Libertadores con la seguridad que tanto pedía el presidente de River, curiosa y paradójicamente, el mismo presidente que no fue capaz de garantizar la seguridad en su propio estadio, con su propia gente y que le regaló a la Conmebol y al fútbol sudamericano la peor humillación de la historia haciendo que por incapacidad e inutilidad de River una final de Libertadores ¡de América! se jugara ¡en Europa!.

El comienzo del partido fue de terror porque en la primera jugada Carrizo (el arquero) tuvo que salir desesperado ante la llegada de Suárez. Parecía la misma película del Monumental pero no fue así. Lo de Cerro en el primer tiempo fue excelente y, a partir del golazo de Nelson, no recordamos haber visto a River tan incómodo en un partido y hasta nos animaríamos a decir que nunca lo vimos tan asustado, tan indeciso en cada una de sus líneas. Vaya uno a saber qué hubiese pasado si Carrizo (el volante/delantero) marcaba el segundo gol en esa jugada que Armani, en gran achique, le saca o si esa enorme jugada de Villasanti hubiese sido mejor definida.

El gol de De la Cruz (¡nunca va a olvidarse de este viaje!) acabó con la ilusión, como lo reconoció Nelson en la conferencia de prensa pero el equipo nunca bajó los brazos. Sí, estaba claro que ya River adoptaba otra postura y pasó  ser dominador del partido jugando como uno está acostumbrado a verlo. El temor del primer tiempo pasó a ser la solvencia del segundo.

Si hablamos del VAR nos parece que hay una y una. Nelson debió haber sido expulsado y en el segundo tiempo nos pareció que ese centro de Ruiz pegó en la mano del defensor de River que estaba en una posición sancionable. La jugada de Nelson fue revisada y Bascuñán no se animó a hacer lo que debía, mostrarle la roja a Nelson lo cual hubiese sido tan correcto como penoso porque el partido de Nelson fue extraordinario desde todo punto de vista. La mano del jugador de River ni siquiera fue revisada por lo que evidentemente la gente del VAR opinó de manera distinta a nosotros.

Nunca da gusto perder, amigo lector, pero -y esto ya lo hemos dicho muchas veces desde esta columna- hay maneras y maneras de perder y esto que vimos en la Nueva Olla tiene mucho que ver con la manera en que, si la derrota fuese inevitable, uno elegiría porque, así en la vida como en el fútbol, cuando las cosas no nos salen como hubiésemos querido lo bueno es saber que uno hizo todo lo que pudo, lo bueno es no tener nada que reprocharse.

 

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