Opinión

Berizzo y el equipo se merecían la victoria

Una pena, amigo lector. Era un partido lindo para ganarle a Argentina.
20/06/19 - 09:08
  • Celebración del gol paraguayo en entre el anotador y el asistidor: Sánchez y Almirón. Foto: EFE.
Por Robert Singer
rsinger@tigosports.com.py

Fue una pena, sí, pero este empate deja una sensación muy distinta a la que nos había dejado ese 2-2 ante Catar. Hay, claro que sí, mucho por trabajar, pero eso siempre estuvo claro, al menos para nosotros, porque, como señalábamos en una columna anterior, esta Copa es el comienzo de un trabajo y no el final.

Si hemos mencionado el concepto de coraje, el mismo no tiene que ver con una cuestión física, sino anímica y ese coraje comienza en el propio entrenador. Eduardo Berizzo ha demostrado personalidad desde el inicio de su trabajo buscando darle a la Albirroja ese salto de calidad futbolística que tanto uno ha pedido. Nadie tiene la verdad en esto, pero hoy el fútbol exige una manera de jugar distinta a la que durante toda la historia nos ha caracterizado. Ojo, lo hemos dicho y lo vamos a repetir mil veces: no se trata de dejar de lado la garra, la entrega, la lucha y todo aquello que sabemos que tenemos y lo valoramos. Se trata, eso sí, de agregarle eso que, al menos así lo creemos, también forma parte del repertorio de los jugadores paraguayos, pero nos cuesta hacerlo notar y que no es más que el buen juego, el buen trato a la pelota, el juego asociado en cada sector de la cancha, la salida rápida en ataque una vez que se recupera la pelota.

Berizzo se jugó ante Argentina con un equipo que, lejos de llenar una defensa de centrales tuvo a Piris y a Arzamendia en los laterales. El mediocampo, ese sector que tanto preocupa a aquellos que lloran por un volante tapón, estuvo integrado por jugadores que marcaron, generaron y hasta llegaron al gol. Fue muy bueno lo de los dos Rojas, Sánchez y Almirón. Lo de este último fue una exhibición de fútbol del más alto nivel.

Una pena particular tiene que ver con el penal fallado por Derlis, era el gol de la victoria y se lo merecía un jugador que sin duda es de selección y le va a dar muchas alegrías a la afición. Santander corrió, luchó, pero aportó poco en una de sus tareas que es la de aguantar la pelota allá adelante. Igual, lo suyo fue importante para presionar sobre la salida argentina. 

Y no hablamos del Gatito, que se sabe que es un gran arquero, porque prácticamente y gracias al buen trabajo defensivo colectivo, casi no tuvo participación y eso es mucho decir ante Argentina. Le sacó un tiro que era gol a Messi, pero, lamentablemente, esa jugada ya no valía porque antes se dio la mano de Piris detectada por el mismo VAR, que no actuó en la que debió ser tarjeta roja para Armani en esa patada a Derlis y que, nos parece, debió haber hecho patear de nuevo el penal porque pareció que el arquero argentino se adelantó.

Este no es un empate cualquiera. Este fue un partido dirigido por un técnico con huevos para buscar una nueva manera de jugar y fue un partido jugado por tipos que sí han entendido lo que significa vestir esa querida albirroja y que miraron de frente a rivales que en los papeles parecían superiores por los clubes en que juegan. Nadie “arrugó”, nadie bajó la cabeza. Fue un equipo serio y -lo citamos porque para nosotros no es un tema menor- fue un equipo limpio, en todo sentido, incluyendo la marcación al mismísimo Messi. De hecho, fue mucho peor tratado Almirón por los argentinos, que no pudieron con él, que Messi por los paraguayos que se turnaban en una marcación que le dio poco o nada de espacio.

Curiosamente, antes del partido, al confirmarse la alineación paraguaya oímos una opinión que tildaba de “inocente” a la defensa paraguaya citando a Piris, Alonso y Arzamendia. Una barbaridad que cada uno de ellos dejó en claro, especialmente Arzamendia, que se mandó un partidazo.

Algún día los paraguayos vamos a empezar a creer en nosotros mismos, en cualquier actividad. Que “volante tapón”, que “contra Argentina o Brasil no podemos jugar de igual a igual”,  que "es una locura jugar con dos laterales”, y bolsas y bolsas de pura basura mental, de pensamiento pesimista, negativo y perdedor.

Después del empate ante Catar nos habíamos quedado desilusionados.

Después del empate ante Argentina el sentimiento es de tristeza, pero no por nosotros que, al contrario, estamos no felices, pero sí satisfechos por lo hecho por la selección.

Nuestra tristeza después de este empate, amigo lector, es porque Berizzo y el equipo se merecían la victoria.

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