Opinión

No es simple casualidad; no sabemos ganar

Alguna vez desde esta columna hemos compartido un pensamiento que a medida que fue pasando tiempo nos fue quedando más firme: los paraguayos somos mbareté (fuertes, potentes) físicamente, pero pereri (débiles, flojos) en lo anímico. Desde el combate físico no nos achicamos ante nadie, pero la responsabilidad nos agobia, nos aplasta.
18/11/20 - 14:22
  • Secuencia del empate entre Paraguay y Bolivia. Foto: @Albirroja.
Por Robert Singer
rsinger@tigosports.com.py

Bajando al plano netamente futbolístico, cuando nadie da un guaraní por nosotros somos capaces de conseguir resultados que para muchos pueden inscribirse en el rubro de las hazañas, pero cuando tenemos el viento a favor, cuando las circunstancias nos ponen en plano ganador, arrugamos.

Y, desde ya, que lo que nos ocurre no tiene nada que ver con la nueva corriente de pensamiento cuasi científico que le quieren dar ahora a algo tan simple y por demás opinable como lo es este jueguito.

Esto no pasa por el 4-3-3, el 4-4-2 o el 8-9-5. Esto no tiene que ver con cuestiones numéricas ni extrañas fórmulas trigonométricas. Esto no pasa por el cateto y la hipotenusa, esa es una cuestión netamente sicológica y en poco tiempo tuvimos ejemplos claros. Sportivo Luqueño, jugando de local en cancha de Sol de América, hizo ante Defensa y Justicia, por la copa Sudamericana, aquello que siempre se quiere: marcar un gol al inicio del partido. Aldo Vera acertó un cañonazo desde la mediacancha antes de los diez minutos y, bueno, era el momento de manejar el partido, de tener la pelota, de manejar los momentos. Nada de eso ocurrió, Luqueño se fue para atrás, fue cediendo terreno y terminó perdiendo el juego. En la revancha, con todo en contra salió a jugarse la vida y realizó un gran partido, aunque el empate no le alcanzó y quedó eliminado.

Sol de América hizo un discreto partido en su cancha ante la Universidad Católica y los chilenos fueron claros dominadores del encuentro, tanto fue así que el 0-0 fue un buen negocio para Sol. En la revancha, que todos pensaban que sería un mero trámite para la UCA, el equipo solense se plantó y se puso en ventaja con un penal que, de yapa, dejó a los chilenos con un jugador menos. Todo servido en bandeja, pero de nuevo esa paraguayitis futbolera hizo su nefasta aparición, Sol intentó defender el resultado retrasando sus líneas y así le fue. Con 10 jugadores, la Católica remontó el partido, ganó 2-1 y clasificó.

Cuando Ramón Díaz dirigía a la selección le estábamos ganando 2-0 a Brasil, pero de nuevo, lo mismo. Fuimos metiéndoos cada vez más cerca de nuestro arco y Brasil se agrandó hasta llegar al empate.

Si quisiéramos ir más lejos podríamos recordar un partido del mundial de Corea/Japón 2002 ante Sudáfrica. Ganábamos 2-0, teníamos el partido en las manos, cedimos terreno y nos quedamos con un amargo empate.

La selección actual nos regaló más ejemplos en este primer combo. Contra Perú remontamos un 0-1 para ponernos 2-1 a cinco minutos del final y, en vez de manejar la pelota en el tiempo que quedaba o, incluso, seguir atacando, hicimos lo contrario y regalamos dos puntos. Contra Venezuela, la misma historia y solamente la salvadora atajada de Antony Silva impidió que el triunfo se nos fuera de las manos. Contra Argentina estábamos haciendo un gran partido, metimos el gol y en ese exacto momento se activó la defensitis aguda, llegó el empate argentino y el segundo tiempo fue un suplicio con todo el equipo albirrojo en su propio mediocampo.

Y, claro, lo peor llegó ante Bolivia. Nos pusimos en ventaja ante la peor selección de estas Eliminatorias y de la historia del fútbol boliviano y en lugar de liquidar la faena permitimos un humillante vuelco ya en el primer tiempo. El empate nos dejó, gracias a otros resultados, en zona de clasificación al terminar el año e impidió un mayúsculo papelón.

Ya hablaremos de la parte netamente futbolística, de los errores de Berizzo, de los rendimientos individuales y colectivos. Tiempo sobra, amigo lector, porque recién en marzo volverán las Eliminatorias. Por de pronto, queríamos dejar sentada esta reflexión porque lo que nos pasa no es simple casualidad; no sabemos ganar.

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